Jul 3, 2008

Las Tutucas y todo lo demás



Como cada vez que intentamos ponernos serios, con las tutucas, también lo arruinamos. El maíz inflado, el sándwich de chorizo; la copulación y los preservativos: palabras que existen para opacar sus versiones más frescas. Las tutucas tienen en su nombre el ritmo que lleva masticarlas. Basta con intentarlo para comprobar que es absolutamente imposible masticar como maíz inflado azucarado. Estamos sin dudas ante un nombre de creación infantil que no pudo haber nacido sino de un juego. Las tutucas, el pochoclo, el pururú, la cachucha: nombres con gracia que resultan imposibles de pronunciar con el seño fruncido. Pararse frente a un espejo y repetir sin reírse la saga chizito-cachucha-tutuca es un intento inconveniente. Vistas por separado tienen forma de gigantesca muela plagada de caries. Puestas en esas enormes bolsas, son un pelotero milagroso. [Cosas que habría dado por nadar en un pelotero de tutucas: mi remera de Axel Rose, la foto de Mónica Guido y el casete de Milli Vanilli] No es sano comer bolsitas empezadas ni pedir convidado, la ingestión acaba por saturación y quedarse a mitad de camino –sabrán- es una sensación terrible (aprovecho el acto para pedir las disculpas que hicieran falta). El olor es denso pero corto. No se huelen las tutucas desde lejos pero, cuando vecinas, son como un sahumerio de dulce de leche. Es un olor harinoso, como si se ensuciara el aire de invisibles partículas de polvo de azúcar. Aunque de todo esto, claro, lo poderoso es comer tutucas en grupo. Así nomás, en una mesa redonda, mirándonos las caras, sólo nosotros y las tutucas. Es un destrozo desmedido de crujientes muelas y azúcares que suenan a demolición de edificios y que mientras rompen van sonando tu-tu-ca, tu-tu-ca y que nunca, pero nunca, se ponen un poquito serias ante tanto quilombo. Ni siquiera cuando, vulnerables ellas, aparecen amuchadas en bolsitas de Maíz Inflado Azucarado.

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